23 de enero de 2012

ENCUENTRE LA TORTURA.


Primer caso, imagine a un animal al que tienen por tres años –la mayor parte de su vida- pastando y corriendo en campos libres, con comida e infinidad de cuidados y comodidades, a condición de que pasado ese tiempo, por media hora debe enfrentarse en un combate a muerte del que seguro no va a volver.

En el segundo caso, imagine a otro animal al que encierran desde su nacimiento entre una bóveda, hacinado con otros como él, sin espacio siquiera para caminar y respirar, y sin nunca mostrarle la luz del sol; al que estrechan y engordan artificialmente hasta sofocarlo y matarlo sin dignidad.

El primer caso es de los toros de lidia. El segundo, el de los pollos, donde la tortura es más evidente. Como el segundo hay muchos más casos similares con otros animales. Ahora se suele censurar el primer caso, porque se hace en público, y tolerar casos como el segundo, porque se hacen a escondidas. Síntoma clásico de la mojigatería.

Estoy harto de las protestas ingenuas año tras año, quiero toros en Medellín, quiero toros en Cataluña. Los demás que protesten y luego se vayan a comer a Frisby.

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