30 de marzo de 2014

MOTIVOS PARA NO ASISTIR AL FORO URBANO MUNDIAL.

Razones de decencia para no acolitar el fascismo de una ciudad que se preocupa más por las visitas que por la casa.

Dice el gran John Le Carré que por estos tiempos se necesita el temple de un héroe para ser sólo una persona decente. Alarma su certeza. Uno mismo llega dudar. Increíble cómo a veces toca nadar tan fuerte contra una marea tan evidente de indecencia. Medellín y su superchería y su pasión y obsesión por como la vean afuera, que llega a las más enferma de las neurosis, está llegando al fascismo no disimulado. El próximo evento del foro urbano mundial, que se va a celebrar en la ciudad, está desnudando las miserias más atroces y tristes de su dirigencia, tan putrefacta como los mendigos que quiere esconder en esos días del foro.

El foro urbano no va a pasar de ser otro concierto de Madona. Un boom turístico y publicitario muy útil para que se llenen los hoteles y los restaurantes, se muestren imágenes de la ciudad en los medios internacionales –con retoques en photo shop- y se vean muchos rubiecitos bien vestidos montando en el metro cable. Más allá de eso, ninguna política sostenible de ciudad va a salir de esa pasarela postiza.

Mientras tanto, Medellín adornó la casa, quitó el fondo verdadero y montó una escenografía falsa pasando por encima de los oriundos. Por estos días han mostrado hasta el hartazgo los medios de prensa y televisión, al morro de Moravia, y el cuento de siempre. El mismo morro que empezaron a embellecer hace dos años, con plata internacional, que después dejaron enrrastrojar y afear otra vez, y que hora, de nuevo vuelven a poner bonito.

Que allí le dan trabajo a 35 mujeres cabeza de familia, como jardineras. Que qué ejemplo de “construcción de tejido social”.  Lo que no se cuenta es que ese dichoso trabajo son unos contratos por dos meses que firmaron con estas señoras, mientras pasa el escándalo del foro, y mientras se van los “dotores” importantes. Después de eso, a los dos meses, los 35 se acaban, todas a la calle a buscar otro trabajo y que las mantenga su puta madre. Qué farsa, qué burla mostrar a estas 35 mujeres como ejemplo de integración y superación, por un miserable contrato de laboral de dos meses que la alcaldía les dio como limosna, para mostrar.

Pero ño peor ha sido lo del río. Desde hace más de un año, todos los habitantes de la calle están apostados ahí, sobre la ribera. Los sacaron corriendo de las ollas del centro. En cifras oficiales, se dice que son más o menos cinco mil mendigos, que a diario se asientan ahí. En un año, no se había oído una sola solución al problema. La alcaldía no los había visto. Mutantes, parias en las puertas, al estilo de las ciudades medievales que tenían a todos los indeseables al otro lado de las murallas. Quince días antes del foro, milagrosamente, la alcaldía se acuerda que existen. Los manda recoger a la fuerza; a todos los desgraciados del río: adictos, mendigos, miserables. Los hacen bañar a la fuerza, les dan chocolate con pan y después, los encierran, los mantiene confinados en los patios de la policía, y después en unas jaulas. Hasta se dice que empezaron a transportarlos, para llevarlos a los pueblos cercanos, donde no hay foro mundial. El río se limpia de indigentes. Ya no están. El mismo río en el que hay un mega proyecto de urbanismo, en el que piensan hacer un súper parque, y que seguro, van amostrarlo y a recorrerlo con los “dotores” monitos que vengan al foro urbano mundial. Y válgame dios, cómo permitir que los “dotores” se toparan con estos cinco mil desgraciados, qúe tal, imagínense nada más donde “sus harapos con su esmoquin se rozaran al pasar”. Qué pensarían de Medellín. Qué se irían diciendo. Por eso limpiaron el río, de basuras, inmundicias y mendigos. A pesar de que hace un año estaban ahí.

Si eso no es fascismo, qué es. Si no es indecencia, qué es. Tenía una tía que vivía en una casa con unas cortinas inmundas y viejas. Pero cada que iba a tener una visita, nos reclutaba a todos los sobrinos para correr a comprar cortinas nuevas y ponerlas en todas las ventanas de la casa. También nos compraba sudaderas nuevas a todos los niños que la visita iba a ver. A los cuatro o cinco días, cuando la visita se iba, mandaba recoger las cortinas nuevas y a poner otra vez las viejas. Algo tan fino no se podía gastar en los días rutinarios de la casa, ese lujo no era para los que vivían allí, sino sólo para las visitas. Igualito se comporta ahora Medellín, como una tía beata, lunática y desquiciada, que se emperifolla para los visitantes, y no le importa pasar por encima de los que sí viven y comparten esta casa. Y eso lo hace, qué paradoja, precisamente para un evento de urbanismo, donde lo principal debería ser la discusión por qué casa queremos los que vivimos aquí, y no por qué fachada le queremos mostrar a los visitantes efímeros.

Por esto no asisto al foro mundial, no acolito la indecencia. Antes de querer ver a Medellín limpia por esos pocos días, prefiero empezar por limpiar mi conciencia.

  
Con la tecnología de Blogger.